Qué son las microsiestas y por qué ocurren sin que nos demos cuenta

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Mucho más cortas que una siesta, las microsiestas pueden durar solo unos segundos. Y pueden ser un signo de problemas más profundos para poder dormir bien.

ESPAÑA.- No estamos hablando de una siesta de 5 minutos en el sofá mientras miras una serie frente a la televisión. Eso es mucho tiempo en el mundo de la microsiesta. Aquí las siestas se miden en segundos. Si bien no existe una definición única que utilicen los científicos, muchos estudios se centran en el sueño que dura de uno a 15 segundos cada vez.

Existe una comprensión cada vez mayor de cómo las microsiestas afectan nuestra vida diaria, desde importunar nuestras tareas cotidianas hasta poner vidas en riesgo en determinadas situaciones, como conducir un automóvil.

Y también estamos cada vez más cerca de saber por qué ocurren.

Investigaciones recientes han revelado que los verdaderos expertos en estos pequeños sueños son los pingüinos barbijos.

Mientras sus parejas están en el mar buscando comida, los pingüinos que se quedan anidan en colonias y deben permanecer alerta para proteger sus huevos de depredadores como el salteador pardo, así como de la agresión de otros pingüinos.

Paul-Antoine Libourel, ecofisiólogo del sueño del Centro de Investigación de Neurociencias de Lyon (Francia), midió la actividad cerebral y los patrones de sueño de 14 pingüinos en la isla Rey Jorge en la Antártida.

Durante un período de 10 días, los pingüinos nunca durmieron más de 34 segundos seguidos.

En cambio, tuvieron más de 10,000 microsiestas que duraron menos de 4 segundos, a veces afectando solo la mitad del cerebro a la vez.

Cuatro segundos pueden parecer demasiado cortos para tener una función reparadora, pero el tiempo se suma y cada pingüino dormía la impresionante cantidad de 11 horas cada 24 horas.

Parece funcionar para ellos, pero para el ser humano moderno, las microsiestas no tienen tan buena reputación.

Las situaciones de vida o muerte en la que los humanos debemos permanecer alerta implican más bien conducir una gran caja de metal por una carretera a altas velocidades, y no evitar a un depredador. Desafortunadamente, es una tarea que puede resultar monótona, pero que requiere atención constante. Esta es precisamente el tipo de situación (pero sin riesgos) que los investigadores han tratado de replicar en el laboratorio para investigar la naturaleza de las microsiestas.

En 2014, se publicó el primer estudio que explora las microsiestas mediante el uso simultáneo de escáneres cerebrales, grabaciones de video de los ojos de las personas y equipos de electroencefalograma (EEG) para medir las ondas cerebrales.

El equipo ideó una tarea muy aburrida para sus desafortunados participantes.

Mientras estaban acostados en el escáner, tenían una pantalla frente a ellos y una palanca de mando en una mano. Su trabajo consistía en utilizar la palanca para garantizar que un disco en la pantalla siguiera constantemente el paso de un objetivo en movimiento. Era tan aburrido que a las personas les costaba mantenerse despiertas: el 70% tuvo al menos 36 microsiestas durante la sesión de 50 minutos.

Los científicos, con sede en Christchurch, Nueva Zelanda, esperaban un poco de siesta, pero no tanto.

Sí, las personas acababan de almorzar y estaban acostadas, pero aun así, no estaban privadas de sueño y cualquiera que haya estado dentro de un escáner de resonancia magnética (IRM) sabrá que en el fondo hay un ruido de golpeteo constante.

No parece el lugar ideal para quedarse dormido.

No es sorprendente que las microsiestas sean aún más comunes en personas con narcolepsia. Pero las investigaciones sugieren que la mayoría de nosotros las padecemos.

Otros investigadores, de la Universidad de Canterbury en Christchurch, dieron a las personas un volante falso y un trayecto que debían seguir. Observaron que se adormecían por el aburrimiento y demostraron esa secuencia tan familiar que quizás conozcas al tratar de permanecer despierto durante una conferencia en una habitación cálida, donde tus párpados se cierran por un momento, tu cabeza asiente un poco y luego, de repente, se sacude cuando te despiertas.

Cuanto más fatigados estemos, más probabilidades tendremos de microdormir.

Yvonne Harrison, investigadora del sueño de la Universidad de Loughborough, Reino Unido, descubrió que estas siestas son más comunes en las tardes y noches y a menudo preceden a un período de sueño más prolongado.

David Dinges, profesor de psiquiatría de la Universidad de Pensilvania, mantiene a la gente despierta toda la noche para ver con qué frecuencia se quedan dormidos al día siguiente.

Después de pasar despiertos la noche entera, como era de esperar sus lapsos de atención (considerados por muchos científicos como microsiestas) se vuelven mucho más frecuentes.

Pero, de manera alarmante en términos de seguridad vial, descubrió que cuando las personas dormían seis horas por noche durante 14 días seguidos, tenían tantas microsiestas como aquellos que habían perdido una noche entera. Pero a diferencia de ellos, las personas que dormían seis horas por noche no se dieron cuenta de que estaban tan fatigadas. Simplemente siguieron adelante.

Y no siempre sabemos que hemos tenido una microsiesta. En un estudio, se invitó a las personas a tomar siestas diurnas deliberadamente en el laboratorio y luego los investigadores las despertaron después de un minuto, 5 minutos, 10 minutos o 20 y les preguntaron si habían estado dormidos o no.

Entre los que se les permitió dormir solo 60 segundos, sólo el 15% se daba cuenta de que había dormido alguna siesta. Incluso después de dormir 10 minutos, sólo la mitad reconoció que se había quedado dormido.

Esto podría tener sentido en esas ocasiones en que las personas niegan enérgicamente que se quedaron dormidos frente al televisor, a pesar de que se pudo ver claramente que estaban profundamente dormidos.

En términos de lo que sucede en el cerebro, las microsiestas se caracterizan en gran medida por un cambio de ondas alfa a theta, el tipo de ondas que se ven en la primera etapa del sueño.