Descubre cómo el desorden impacta tu salud mental y qué hacer para recuperar el equilibrio.
ESTADOS UNIDOS.- Una casa desordenada no solo representa un caos visual: también puede reflejar —e incluso amplificar— un estado emocional alterado.
Así lo sostiene la psicóloga Silvia dal Ben, quien, desde su rol como Clinical Manager en Unobravo España, explica que el entorno físico influye directamente en la salud mental, pero también es expresión de esta.
Un hogar caótico puede agravar el estrés, dificultar la concentración y, en ciertos casos, disminuir la sensación de bienestar.
Aunque el concepto no es nuevo, ha ganado fuerza gracias a discursos como el del almirante estadounidense William H. McRaven en la Universidad de Texas, quien afirmaba que hacer la cama puede ser el primer paso para cambiar el mundo.
Este pequeño gesto, más allá de lo simbólico, genera una sensación de logro que repercute positivamente en el ánimo.
Diversos estudios, como uno publicado en el Journal of Environmental Psychology y citado por National Geographic, han confirmado que el desorden puede desencadenar estados de ansiedad y restar claridad mental.
La organización del espacio —insiste dal Ben— no debe entenderse como una imposición estética, sino como una herramienta potencial para regular las emociones.
¿Ordenar para sanar?
Para muchos, organizar el espacio puede funcionar como una especie de “meditación activa”: una estrategia para calmar la mente a través de acciones físicas.
No obstante, dal Ben enfatiza que “no se trata de una terapia en sí misma”, y su efectividad depende de la intención y del valor simbólico que cada persona otorgue a esa actividad.
Por otro lado, hay quienes se sienten incómodos incluso en entornos perfectamente ordenados. La clave no está en alcanzar un estándar universal de orden, sino en comprender la relación personal con el propio entorno.
En este sentido, la experta propone tres pasos prácticos para quienes desean mejorar su organización sin caer en el perfeccionismo:
- Crear rutinas simples y sostenibles, en lugar de buscar cambios drásticos.
- Focalizarse en mejoras diarias pequeñas, en vez de esfuerzos esporádicos e intensos.
- Aceptar que el orden debe ser funcional, no necesariamente perfecto.
Con información de Infobae



