“Hago un llamado a la iglesia cristiana en El Salvador: apoyemos lo bueno y denunciemos lo malo de manera personal”, instó el pastor.
EL SALVADOR.- “Olvidar esa realidad sería un pecado”, afirmó el pastor David Ramírez durante una entrevista este lunes en el programa Las Cosas Como Son, al referirse a la violencia registrada en El Salvador y al impacto de las pandillas en distintas comunidades del país.
Ramírez sostuvo que en gobiernos anteriores el Estado no habría cumplido plenamente su rol de garantizar seguridad y derechos constitucionales, al no lograr combatir la delincuencia. En ese contexto, contrastó esa etapa con el actual proceso de restablecimiento del orden y la seguridad, y señaló que existen sectores opositores a dichos cambios.
“¿Por qué hoy al victimario le queremos dar derechos humanos y a las víctimas nunca se los dieron? Hay que ser justos, hay que tener justicia. La ley terrenal también juzga y en ese sentido es muy difícil poder ver que una persona que dañó tanto a una familia de repente quiera derechos, ¿y la familia?”, declaró.
El pastor cuestionó que haya personas que se manifiesten en contra de medidas orientadas a reducir la violencia, al considerar que resulta contradictorio oponerse a procesos vinculados con la paz.
Ramírez hizo referencia a zonas como San Martín, donde aseguró que en el pasado se registraron hechos de violencia extrema, incluyendo extorsiones, masacres, violaciones y la existencia de cementerios clandestinos. En ese contexto, describió comunidades que, según dijo, vivieron bajo temor constante y sin condiciones de protección.
El religioso también relató que muchas familias enfrentaron asesinatos de sus seres queridos y situaciones de desplazamiento forzado dentro de sus propias viviendas, en medio de un entorno de violencia que calificó como crítico. Señaló además que algunas personas recurrieron a la fe ante la falta de garantías de seguridad.
Ramírez afirmó que su visión del país está marcada por el sufrimiento vivido en esos años, al recordar episodios de violencia contra familias y menores de edad. En ese sentido, reiteró que, a su juicio, “olvidar esa realidad sería un pecado”.
Finalmente, concluyó: “Hago un llamado a la iglesia cristiana en El Salvador: apoyemos lo bueno y denunciemos lo malo de manera personal; pero el púlpito no es para hacer mitin, respetamos al Dios de la Biblia”.
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