Babygirl: deseo prohibido, un relato erótico en el que Nicole Kidman hace una de las mejores interpretaciones de su carrera

La actriz australiana, cuyo rostro congelado en el tiempo suele ser mencionado como una desventaja en sus interpretaciones, no solo se anima a la secuencia sino que por el modo en que la realizadora y su director de fotografía (Jasper Wolf) plantean la puesta en escena termina por señalar sus supuestos límites actorales y acepta el desafío de demostrar que no son tales. Así, Kidman logra transmitir todas las emociones-y son muchas-, que Romy atraviesa en el desarrollo de la trama, un triunfo a la altura de las mejores actuaciones de su larga e interesante carrera.

De la empresaria en la cima de su mundo pasando por la esposa que intenta ser la ama de casa perfecta -aunque nadie se lo pida-, hasta llegar a la mujer enfrentada con las formas supuestamente inconfesables de su deseo, el arco interpretativo de Kidman es excepcional y posiblemente sea aquello que logra mantener el interés del espectador hacia sus secuencias finales. Es a esa altura donde todo el misterio y el tono sugerente de la trama que retacea información y explicaciones sobre los motivos de Romy y Samuel se diluye con algunos diálogos demasiado explicativos que intentan justificar parte del relato que hasta ese momento existía en una atrapante nebulosa. Un estado alterado de la realidad que se destaca en las escenas entre Kidman y Dickinson, cuya química asume la forma de una nueva forma de arte

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