¡Vuela lejos viejo, alza el vuelo!


Por Julio Rodríguez / Periodista

El viejo se sentó en una cafetería, él, sus pensamientos y en su mente revoloteando, cual ejército de mariposas queriendo volar, las ideas más locas que había tenido en años.

Su café desprendía un aromático olor que quería volverlo en sí, pero el viejo sonreía solo sentado en aquella cafetería, su mirada vagaba jugando con el atardecer como si lo quisiera detener para que la noche no llegara y lo volviera a encontrar solitario pensando en los mundos que conquistó sin gloria.

En esos corredores burlones de la mente estaba, cuando las voces del pasado y el presente lo retaron a volar, “de todas formas nadie te va a extrañar” le decían. Comenzó a reír a carcajadas y gritar tan alto, que la gente decente y recatada de la cafetería, lo volvió a ver con miradas de lástima porque el viejo parecía estar loco.

De pronto una voz le dijo “haz lo que quieras viejo, alza vuelo, vuela alto siempre lo has hecho”. El café se enfrió y salió del lugar, con las miradas clavadas en su espalda, pero ya no le importaba. Había decidido volar. Le perdieron la pista. Solo unas cartas de amor aparecen de vez en cuando, algunos piensan que sigue vivo.

En el Día del Padre muchos lo buscan en tumbas, en el rostro de un indigente o en un asilo, pero casi siempre cuando lo encuentran ya no habla, ni recuerda, ni gusta de jugar, solo quiere volar en su imaginación y sonríe.

(Iniciativa 3: Periodismo Social, Fe y Actitud)