Declaraciones en juicio masivo contra cabecillas detallan asesinatos, activación de “válvulas” y control criminal desde cárceles y calles
EL SALVADOR.- El Tribunal Sexto Contra el Crimen Organizado de San Salvador continúa la audiencia única contra 485 miembros de la MS-13, señalados de ostentar rangos como ranfleros históricos, corredores de programa y líderes de estructura, en un proceso que los vincula con miles de hechos delictivos a nivel nacional.
Durante las primeras jornadas, testigos protegidos han revelado detalles clave sobre la estructura criminal y su accionar, incluyendo el reconocimiento de varios cabecillas y su participación directa en múltiples homicidios.
Uno de los testimonios más impactantes señala que en la finca Suiza, en Nuevo Cuscatlán, habrían sido enterradas aproximadamente 200 personas, lugar identificado como una base de operaciones de la pandilla entre 2013 y 2021. En ese sitio también habrían sido asesinadas víctimas como la exfutbolista Jimena Granados y los hermanos Toledo.
Además, los testigos relataron que la ranfla ordenaba homicidios a nivel nacional, incluyendo asesinatos de policías, militares, rivales y civiles, así como casos motivados por extorsión, como el de un padre y su hijo asesinados por negarse a pagar $10,000.
Otro punto clave expuesto en la audiencia es la activación de las llamadas “válvulas”, un mecanismo para ejecutar asesinatos de forma indiscriminada, que, según los testimonios, fue implementado en al menos cuatro ocasiones entre 2012 y 2022 por órdenes de la dirigencia de la pandilla.
La Fiscalía General de la República sostiene que los acusados ordenaron más de 9,000 hechos criminales, y que las decisiones se tomaban tanto desde centros penales como desde las calles, lo que evidencia el alcance de la estructura.
En el proceso también se ha documentado que 413 imputados están presentes en centros penales, mientras que 72 permanecen prófugos con órdenes de captura, y que la acusación busca imponer las penas máximas contra los señalados.
Hasta el momento, los testimonios coinciden en la forma en que se ejecutaban los crímenes y el rol de la ranfla, fortaleciendo la acusación en uno de los procesos más grandes contra estructuras de la MS-13 en El Salvador.

