La reducción de violencia es un alivio, pero El Salvador no es un país seguro: Benjamín Cuéllar


Advirtió que El Salvador no puede considerarse un país seguro debido a la militarización, el alto encarcelamiento y la falta de seguridad humana.

EL SALVADOR.- Durante una entrevista en el programa Las Cosas como Son Radio, el miembro de la organización Víctimas Demandantes (VIDAS), Benjamín Cuéllar, reconoció que la reducción de homicidios, extorsiones y asesinatos en El Salvador ha significado un alivio real para las mayorías populares, históricamente golpeadas por décadas de violencia. Sin embargo, advirtió que esto no equivale a que el país sea verdaderamente seguro.

Cuéllar puso en duda los resultados de encuestas recientes, como las de Cid Gallup, que reflejan altos niveles de aprobación y orgullo hacia el presidente Nayib Bukele. A su juicio, la forma en que se formulan las preguntas influye directamente en las respuestas y no necesariamente refleja un análisis informado de la población. “La gente responde desde el alivio, no desde el conocimiento de lo que implica el Estado de Derecho”, señaló.

El defensor de derechos humanos contextualizó el respaldo popular al gobierno actual en una historia marcada por la guerra civil, la posguerra y el auge de la violencia de pandillas, donde —dijo— los mayores costos en vidas humanas siempre los ha pagado la población más pobre. “Después de tanto luto y sufrimiento, es entendible que la gente aplauda el fin de la angustia diaria, sin detenerse en cómo se logró”, afirmó.

No obstante, Cuéllar subrayó que El Salvador es hoy un país altamente militarizado y con la mayor tasa de encarcelamiento del mundo, lo que, según dijo, genera graves violaciones a otros derechos fundamentales. Insistió en que la seguridad no puede reducirse únicamente a la disminución de homicidios, sino que debe entenderse desde el concepto de “seguridad humana”, que incluye acceso a salud, alimentación, justicia y condiciones de vida dignas.

En ese sentido, alertó sobre el alto costo de la vida y advirtió que, si no se atienden problemas estructurales como la pobreza, la desigualdad y la exclusión social, el país sigue siendo “una bomba de tiempo”. También expresó preocupación por las recientes reformas al sistema de salud, que —según afirmó— apuntan a una privatización progresiva que afectará principalmente a los hogares de ingresos bajos y medios.

Cuéllar concluyó que el respaldo popular al presidente Bukele está estrechamente ligado a la reducción de la violencia, pero advirtió que gobernar desde la esperanza sin soluciones estructurales puede tener un alto costo a largo plazo. “Quien vive solo de la esperanza, muere en ayunas”, citó.