“No voy a satanizar que un militar esté a cargo”, dijo la abogada Tahnya Pastor, aunque aclaró que no comparte la decisión.
EL SALVADOR.- La reciente designación de Karla Trigueros como nueva ministra de Educación ha generado un amplio debate sobre el enfoque que tomará el gobierno salvadoreño en la transformación del sistema educativo. Tras la juramentación hecha por el presidente Nayib Bukele, diversas voces se han alzado tanto para respaldar como para cuestionar la orientación de su propuesta, especialmente en lo que respecta a la obediencia y el pensamiento crítico en los centros educativos.
El analista político, Aldo Álvarez, al referirse al nuevo rumbo que debe tomar la educación en El Salvador, subrayó que el sistema educativo necesita un cambio basado en el orden y la disciplina. Según el analista, uno de los mayores problemas heredados de administraciones pasadas ha sido el desorden dentro de los centros educativos.
“El mensaje es que la nueva ruta en la que debemos guiar la educación en El Salvador tiene que ver con orden y disciplina”, expresó en una entrevista de televisión, la mañana de este viernes. Sin embargo, Álvarez sostuvo que este enfoque no debe entenderse como una intención de eliminar el pensamiento crítico en los estudiantes. “Tiene que haber obediencia al imperio de la ley”, afirmó, al tiempo que advirtió sobre la necesidad de inculcar valores cívicos que respeten el orden público, con el objetivo de lograr una convivencia armónica dentro de la sociedad.
“El orden y la disciplina no tiene que ver con que se formará clones, gente no pensante o sin pensamiento critico, no, porque debe de haber obediencia a las leyes”, enfatizó.
Sin embargo, estas palabras fueron cuestionadas por el analista político, Manuel Zometa, quien vio en ellas una contradicción con las recientes reformas constitucionales promovidas por los diputados del partido Nuevas Ideas, y que, supuestamente, buscan perpetrar a Nayib Bukele en el poder.
No tiene sentido hablar de inculcar la obediencia a las normativas en el sistema educativo, mientras se están aprobando reformas a la Constitución de la República como si fueran ley secundaria, dijo Zometa. Según el analista, esto no refleja un compromiso con el respeto a la Carta Magna. También, cuestionó las credenciales de Trigueros en el campo educativo, dado su doctorado en medicina y su carrera militar.
Para Zometa, el concepto de obediencia, en este caso, no busca fomentar el respeto a la ley, sino una sumisión ciega a la autoridad. “El que obedece nunca cuestiona, solamente dice que sí”, argumentó, sugiriendo que la imposición de un modelo educativo basado en la disciplina militar podría ser contraproducente para el fomento del pensamiento crítico.
“Si nos vamos a ir con una transformación de la educación, con una característica militar, se debe tener mucho cuidado con la obediencia, porque el que obedece nunca cuestiona, solamente dice que sí, la educación militar es así”, enfatizó.
En esta misma línea, la abogada Tahnya Pastor se sumó al análisis de Zometa, destacando las limitaciones que podría generar un enfoque basado exclusivamente en la obediencia. Según Pastor, enseñar a los estudiantes a obedecer sin cuestionar podría ser un freno al desarrollo intelectual y creativo de los jóvenes. “Al enseñar obediencia, estamos limitando a las personas a que nada más pueden seguir indicaciones, reglas y órdenes y no pueden pensar, analizar, ni sacar sus propias conclusiones”, aseguró.
Para Pastor, es urgente que el sistema educativo salvadoreño permita a los estudiantes explorar y desarrollar su potencial intelectual sin quedar atrapados en un modelo educativo rígido, como el que propone la doctrina militar.
No obstante, Pastor también reconoció que la disciplina militar tiene aspectos positivos que podrían aportar al sistema educativo, especialmente en un país donde los valores y principios familiares a menudo son débiles. “Un poco de esa disciplina militar, de ese orden, de ese sacrificio, creo que sí es increíblemente urgente en nuestra sociedad”, afirmó. Sin embargo, reiteró que la ministra Trigueros tendrá que encontrar un balance entre su formación militar y las necesidades de un sistema educativo que debe formar ciudadanos pensantes, no solo obedientes.
“No voy a satanizar que un militar esté a cargo, pero tampoco voy a decir o aceptar que esa es nuestra mejor opción, me cuesta creer que sea la mejor opción para educar a nuestras futuras generaciones porque creo que podía haberse tenido una dosis de más disciplina y orden dentro del sistema sin necesidad que llegue un militar”, enfatizó Pastor.
El nombramiento de Trigueros como ministra de Educación pone sobre la mesa una discusión crucial para el futuro de la educación en El Salvador. Mientras algunos defienden la necesidad de instaurar un orden y una disciplina más estrictos para mejorar la convivencia social, otros alertan sobre los riesgos de crear un sistema educativo autoritario que limite la capacidad crítica y reflexiva de los estudiantes.
La verdadera cuestión será si la ministra, con su experiencia en el ámbito militar, podrá integrar adecuadamente los valores de disciplina y orden con los de libertad de pensamiento y formación integral, indispensables para una sociedad democrática y participativa.






