Tras arresto de estudiantes, criminólogo propone un psicólogo por cada 30 alumnos para evitar el reclutamiento de pandilla


El objetivo: identificar a tiempo posibles señales de alerta, como trastornos emocionales o comportamentales, y prevenir que los estudiantes caigan en dinámicas de violencia o delincuencia.

EL SALVADOR.- En medio de los recientes arrestos de estudiantes vinculados con nuevos grupos delictivos (“La Raza Estudiantil”), el criminólogo Misael Rivas hizo un llamado urgente a mejorar el sistema de atención psicológica en las instituciones educativas del país para prevenir la vinculación de los jóvenes con estos grupos.

“En el país debería haber suficientes psicólogos, por lo menos clínicos, en cada uno de los institutos educativos, desde la primaria hasta el bachillerato”, afirmó. Según el criminólogo, esta medida es importante para detectar a tiempo los problemas emocionales y sociales que pueden llevar a los jóvenes a unirse a estas estructuras.

Según su propuesta, debería haber un mínimo de un psicólogo clínico por cada 30 a 50 estudiantes, lo que garantizaría una atención más personalizada y efectiva. En un instituto con 800 alumnos, esto implicaría contar con más de 10 psicólogos clínicos, idealmente entre 18 y 20, para evaluar y tratar de manera individualizada a cada joven, dijo.

La falta de este tipo de profesionales en el sistema educativo, según el especialista en criminología, contribuye a que los jóvenes no reciban la orientación adecuada. “Si no se toma esto en serio, siempre vamos a tener este remanente de jóvenes que aprenden a evadir los controles del gobierno” y terminarían siendo parte de estos grupos delictivos, advirtió.

Aunque los factores que fomentan esta problemática son mucho más complejos, Rivas subrayó que el sistema educativo, con el respaldo adecuado de psicólogos y trabajadores sociales, puede desempeñar un papel crucial en la prevención.

El enfoque de Rivas apunta a la necesidad urgente de una reforma integral en el sistema educativo, que no solo debe centrarse en la instrucción académica, sino también en la salud mental de los estudiantes. La clave está en la prevención temprana, para evitar que los jóvenes caigan en la delincuencia organizada.