45 años de cárcel para madre y abuela por quitarle la vida a un bebé recién nacido en San Martín


También impuso 35 años de cárcel al hermano de una de las condenadas y un año al pastor que, tras conocer lo ocurrido, no informó a las autoridades.

EL SALVADOR.- El Tribunal Quinto de Sentencia de San Salvador condenó a 45 años de prisión a Maritza Yesenia Martínez Ponce, de 19 años, y a Marta Alicia Ponce Carrillo, de 44, por el homicidio agravado de un niño recién nacido.

Asimismo, Misael Alexander García Ponce, de 25 años, fue condenado a 35 años de prisión por el mismo delito.

Los hechos ocurrieron el 3 de julio de 2025, en una vivienda ubicada en el cantón Las Ánimas, distrito de San Martín. De acuerdo con las investigaciones, Maritza dio a luz en la vivienda, sin asistencia médica y sin haber tenido controles prenatales durante el embarazo.

Posteriormente, según la acusación, Maritza y su madre Marta desmembraron al recién nacido y lo quemaron. El vaciado telefónico presentado durante el juicio evidenció que Maritza le pidió a su hermano Misael que llevara gasolina para “quemar el mal”. Después, el hombre enterró el cuerpo del bebé.

La prueba pericial fue determinante para establecer que el recién nacido estaba vivo al momento del nacimiento. El médico forense explicó que la docimasia pulmonar resultó positiva, debido a que los pulmones del bebé flotaron, lo que permitió establecer que había respirado después de nacer.

Durante el juicio, Maritza declaró que después de cortar el cordón umbilical no recordaba lo sucedido. Sin embargo, la juzgadora señaló que las distintas versiones proporcionadas por la imputada, tanto en su declaración como durante las diligencias iniciales, presentaban inconsistencias.

Pastor también fue condenado

El tribunal también condenó al pastor Arturo A. J. a un año de prisión por el delito de omisión del deber de poner en conocimiento determinados delitos.

Según lo expuesto en el juicio, el día del homicidio Marta llamó al pastor para que acudiera a la vivienda a orar. El religioso llegó acompañado de otros miembros de la iglesia y, al observar la escena, les manifestó que habían cometido un pecado.

Sin embargo, el pastor se retiró del lugar sin informar a las autoridades sobre lo ocurrido.

La pena de un año de prisión impuesta al religioso será reemplazada por trabajos de utilidad pública.

Meses antes del homicidio, Maritza y Marta habían acudido en tres ocasiones a la iglesia para pedir oraciones por la joven, ya que Marta aseguraba que su hija “tenía un mal”.