Arranque y novedad de la próxima elección Presidencial


Por Juan-Cho

Al tradicional queso duro blando, la 6ta 10ma calle, el Playón sin playa y otras curiosidades del particular libro de Ripley cuzcatleco, ahora concurre pidiendo a “gritos” su admisión una “vox populi” curiosa novedad electoral.

Se viene la votación en el exterior por real primera vez.

No obstante, lo novedoso por su connotación está en torno a que se elige. En reciente entrevista el Dr. Arturo Méndez Azahar en el programa “Las Cosas como Son” (plataformas digitales), introdujo CON NOMBRE PROPIO una reflexión que, si bien su contexto general es ya conocido, llama la atención por un matiz curioso y de inusitada relevancia peculiar para la venidera ronda electoral por la Presidencia de la República:

‘Habrá en el mismo evento una elección con 2 COMPETENCIAS de hecho’.

La primera de ellas, presente según la rutina electoral formalmente identificada y regulada por la legislación, dictará al elegido para gobernar en el quinquenio 2024-2029.

Una competencia que ha dejado de ser tal. Hay sobrados indicios que permiten con facilidad imaginar que antes que empiece el juego electoral ya hay ganador conocido y marcador por goleada. Tanto así que en corrillos populares se hacen chascarrillos, murmurando que si no fuese el voluminoso interés por asegurar el gane que irradia un candidato, la fiesta electoral se tornaría aburrida.

Y la segunda competencia que enfrentará colateralmente al resto de candidatos entre sí.

Esta segunda batalla muestra cual ring boxístico ‘calentará’ forjando su desarrollo en 3 asaltos con carácter simultáneo.

Hay alegría por el inicio de la campaña electoral del próximo 4 de febrero acompañada por la desilusión. Igual ambas condiciones son simultáneas según el candidato y según el pronóstico que le asedie.

Inicialmente y por el momento hay mucho entusiasmo y fanfarria. Motivación por competir asumiendo exitoso porvenir electoral.

Felices declaraciones críticas y propositivas, más pedidos inusuales (por pistillo $, de apoyo salvador, que renuncie el potencial ganador, etc.). Tarde o temprano la realidad electoral sincerará las ambiciones de la mayoría de los candidatos.

Si NO HAY UN CAMBIO, actualmente inesperado conforme lo ratifican sucesivamente las encuestas, la ciudadanía se encamina al apoyo masivo del actual ocupante de la silla presidencial por un segundo mandato, sin mínima o escasa posibilidad que emerja algún contrincante que le haga “cosquillas”. Este calificativo va a tono con los resultados que arroja la última Encuesta de Disruptiva y comentarios de su Director Oscar Picardo, cuya presentación se titula Humor Social y Político.

El panorama que pintan estos monitoreos colorea amarga dosis de una realidad finiquitada, sin que incluso se espere a la apertura de las urnas el día de la votación.

Por lo visto, sin misericordia los votantes han roto de cuajo las aspiraciones para 6 fórmulas presidenciales contendientes. Aunque por supuesto se vale soñar, aspirar y trabajar para cambiar esta cosecha de cuasi profecía. Como dice el refrán popular… “no hay peor lucha que la que no se hace”.

Con esta realidad política se advierte entonces la emergencia de una competencia MARGINAL pero relevante para la así llamada partidocracia, hoy representada por los remanentes aún existentes de quienes dominaron la esfera política partidaria por 3 décadas.

De manera que estaremos asistiendo a una lucha electoral derivada en intrincado ring con 3 frentes simultáneos:
1) El primero, lo marca simplemente el sobrevivir. Obtener el número de votos que la ley establece para no desaparecer como Partido.

Debemos tener presente que, si tampoco hay cambio en la jurisprudencia heredada con el caso de cancelación del Partido Cambio Democrático, los partidos minoritarios aun sacando un diputado, pero sin que se capte el mínimo de votos que exige la ley (50 mil o 100/150 mil si participa en coaliciones), el TSE podría (debería) condenarlos a “muerte” su personería jurídica y despedida como institución vehículo para aspirar al poder.

2) El segundo escenario en pugna, no menos importante para las aspiraciones partidarias de cara al futuro, es lograr la participación marginal en la esfera del poder político nacional, ocupando una de las 2 sillas como magistrado del TSE que la ley prevé para el segundo y tercer lugar en la votación presidencial.

Aquí no importa si es con el 5%, el 1% o el 0.5% de la votación. Cualquiera de estos números es escuálido, pero si son suficientes para alcanzar la segunda o tercera posición en la elección presidencial… se darían por satisfechos y habría fiesta “triunfalista” aun en la amarga derrota.

Hasta la fecha nunca se había valorado que esta elección de segundo grado tuviese la calidad de un premio de consuelo.

3) Y el tercer escenario visible de la segunda competencia radica en intentar ganarse la confianza de los sectores opositores, buscando situarse post elecciones 2024 como la alternativa partidaria que puede edificar contención y competición real para derribar la marea política que ahora marcha indetenible y que acapara masivamente el apoyo ciudadano.

¡No estamos muertos! vendrían a vociferar el o los partidos afortunados. Nos hemos ganado el derecho a seguir operando partidariamente y aspirar a futuro atraer financistas que “invierten” políticamente en sus intereses sectoriales o grupales. Los financistas hoy por hoy alejados e incluso con marcado propósito que no se le vincule a ninguna marca política, visto el vendaval en ciernes.

Queda por ver si los candidatos entienden esta realidad de una elección y dos competencias. Máxime que esta segunda competencia de hecho (y legal) se torna en fuerte disputa.

De ser así, deberán ajustar su artillería para no disparar a lo imposible y concentrar su estrategia electoral de cara a estos 3 escenarios, que estarán en juego dentro de la segunda competencia real aunque no formalmente reconocida.

Ningún contendiente dice… “Soy candidato a la presidencia para (tristemente y como alivio) aspirar a ganar el derecho a proponer un magistrado del TSE”.

Pero, cuando lo ridículo es realidad galopante, cobra significativa relevancia para quienes lamentablemente la enfrentan.

Está por ver si dicho reto lo asumen con el rigor y vigor que amerita los escenarios aludidos.

Para quienes detenten esta triste circunstancia, su efectivo adversario ya no será el candidato oficialista con fuerte presunción de victoria. Son el resto de los competidores.

¿Habrá reyertas, disputas, acusaciones, zancadillas, etc., entre ellos? 

Si la respuesta es afirmativa tendremos una contienda electoral para presidente más “amena” y útil.